La salud mental se ha convertido en un tema de la agenda global, y no por casualidad. En un contexto en el que el estrés ya es considerado uno de los grandes desafíos contemporáneos, Brasil figura entre los países con mayor presión emocional, con el 42 % de la población afirmando sentirse estresada, según un estudio de Ipsos. En São Paulo, esta sensación se vive a diario: la ciudad que nunca se detiene es también aquella en la que muchas personas viven en modo “urgencia”, entre largas jornadas laborales, exigencias constantes y poco espacio para respirar.
Las cifras relacionadas con los trastornos mentales vinculados al trabajo ayudan a dimensionar la magnitud del problema. En 2024, Brasil registró 472 mil licencias médicas por trastornos mentales y del comportamiento, un aumento de aproximadamente el 68 % en comparación con 2023, según datos del Ministerio de Previsión Social. Cuando se trata de agotamiento extremo, la alerta es aún mayor: los casos de baja laboral por burnout crecieron un 493 % entre 2021 y 2024, de acuerdo con informes y análisis recientes del mismo organismo.
En São Paulo, el estrés no es solo psicológico, sino también logístico. El desplazamiento diario ya “roba” tiempo de vida y aumenta la sensación de agotamiento. Un estudio sobre movilidad urbana indica que, en promedio, los habitantes de la ciudad pasan 2 horas y 25 minutos al día en desplazamientos; entre quienes utilizan transporte público, ese tiempo alcanza 2 horas y 47 minutos diarios. A esto se suma la hiperconectividad, la sensación de estar siempre disponible y una rutina acelerada: una combinación perfecta para la ansiedad, la fatiga, el insomnio y la disminución de la calidad de vida.
Es en este contexto que el Pilates reaparece, no como una moda, sino como una respuesta práctica a una necesidad moderna: regular el cuerpo para ayudar a regular la mente. La Organización Mundial de la Salud reconoce que la actividad física regular aporta beneficios importantes para la salud mental, ayudando a reducir los síntomas de depresión y ansiedad, además de mejorar el bienestar general. En el caso del Pilates, estudios y revisiones señalan mejoras en indicadores de salud mental, incluida la reducción de síntomas depresivos y de ansiedad en diferentes poblaciones.
Para comprender cómo esto se traduce en la vida cotidiana de quienes viven bajo la presión de una metrópolis como São Paulo, en este reportaje conversamos con el instructor Charles Normando, licenciado en fisioterapia por la UNICEPLAC, en Brasilia, y especialista en Pilates Clásico desde hace ocho años. Charles destaca que la exposición a las pantallas también contribuye a la adopción de posturas inadecuadas. “La vida en São Paulo hace que las personas pasen mucho tiempo en transporte, ya sea en coche o en autobús, lo que provoca malas posturas. Durante el trayecto miran la pantalla del celular y, en el trabajo, permanecen sentadas frente al ordenador. La consecuencia es el dolor”, explica.
En la práctica, el método combina respiración, concentración, control y movimientos conscientes, elementos que favorecen un estado de presencia poco común en rutinas caóticas. Charles explica cómo el Pilates actúa de diferentes maneras: “El Pilates es una invitación a mirar hacia dentro; trabaja mente, cuerpo y alma. Las personas que lo practican se identifican con el método y pronto notan resultados como alivio del dolor, mejora de la postura y mayor flexibilidad”, afirma el fisioterapeuta.
También subraya un punto clave sobre cómo la práctica puede ayudar en casos de burnout.
“El Pilates puede ayudar incluso en casos graves de burnout y estrés. La práctica actúa de forma preventiva y promueve la salud emocional y física. Induce al autoconocimiento, lo que ayuda a manejar mejor las emociones del día a día. La persona respira mejor y adquiere mayor control del cuerpo y de las emociones”, explica.
En un mundo donde el estrés es global, São Paulo funciona como una vitrina intensa de lo que ocurre en los grandes centros urbanos: personas cansadas, permanentemente conectadas y con poco tiempo para recuperar energía. Sin embargo, la propia ciudad también señala caminos. Al transformar el movimiento en una herramienta de equilibrio, el Pilates se consolida como una práctica accesible y progresiva: una forma de recuperar el aliento, reorganizar el cuerpo y, poco a poco, devolver claridad a la mente. En tiempos en los que estar bien se ha convertido en un acto de resistencia, quizás lo esencial sea encontrar un método que permita vivir la ciudad sin ser absorbido por ella.
Por Liz Virgínia
30 de enero, São Paulo, SP – Brasil











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