Recientemente, México vive una intensa ola de violencia desencadenada por la muerte de Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes, líder del poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El Mencho fue abatido por fuerzas de seguridad mexicanas en una operación militar en el estado de Jalisco, en uno de los golpes más significativos contra el crimen organizado en el país en los últimos años. La acción marcó un punto de inflexión en la política de seguridad nacional y evidenció la capacidad de las fuerzas armadas mexicanas para llevar a cabo operaciones complejas contra jefes del narcotráfico.
Sin embargo, la muerte del líder del CJNG fue seguida por una violenta represalia del cártel en varias regiones, lo que resultó en bloqueos de carreteras, incendios, tiroteos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en cerca de 20 estados. Las autoridades movilizaron a miles de soldados y miembros de la Guardia Nacional para intentar contener la violencia, y se adoptaron medidas como el cierre de escuelas en las zonas afectadas. La situación provocó pánico en algunas ciudades e impactó directamente el turismo, con cancelaciones de vuelos y alertas para que los visitantes se mantengan en seguridad.
Además de la violencia en sí, la crisis generó una ola de desinformación en las redes sociales, con reportes falsos que aumentaron la sensación de caos y representaron desafíos adicionales para las autoridades en el combate contra la difusión de noticias engañosas. Mientras el gobierno mexicano afirma que la normalidad está siendo restablecida y que el país sigue siendo seguro, especialistas advierten que el vacío de poder dentro del cártel podría provocar nuevos conflictos internos y la fragmentación de grupos criminales, lo que podría prolongar la inestabilidad.










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